domingo, 6 de octubre de 2013

"Callejeros Viajeros": Rusia 1800

Conocido por sus tapices y su porcelana entre otras manufacturas, este inmenso país tenía en 1800 un valor destacado en el comercio de pieles (nutria, castor, zorro, oso, etc.).

La mayoría de la población rusa vivía en pequeñas aldeas, aisladas y autosuficientes, conservando sus antiguas costumbres. Pero entre todas sus poblaciones sobresalían dos imponentes ciudades: San Petersburgo y Moscú.

San Petersburgo, de Damame-Demartrais 1800
San Petersburgo, era en 1800 la capital del Imperio Ruso y contaba con espléndidas avenidas y grandiosos edificios, pues desde su fundación se erigió con una clara y fuerte influencia meridional, buscando equipararse a las importantes ciudades de las Cortes europeas:

tiene por maestros al inglés que le enseña la navegación y el comercio, al francés que le enseña modas y frivolidades, al italiano que le enseña arquitectura y la música, al alemán...”

Los petersburgueses constituían una mezcla de pueblos: siberianos, tártaros, cosacos, finlandeses: “además de las europeas, se van aquí las asiáticas, y de toda las provincias del imperio, cada cual con su traje nacional”.

Muy distinta a San Petersburgo era Moscú. Esta populosa ciudad que contaba con 250.000 habitantes, tenía muchas de sus calles estrechas y poco iluminadas habiendo conservado en sus construcciones el estilo propio del país.
Moscú, de Fedor Alekseev 1801
 
En la ciudad de Moscú se podía percibir  la convivencia de la pobreza más absoluta con la riqueza más sorprendente: “chozas miserables de madera al lado de un magnífico palacio de ladrillo.” “Por todas partes se ve el mismo contraste del lujo  y de la miseria, de la abundancia y de la mayor pobreza.”

En las grandes ciudades de Rusia, se habían establecido numerosos baños públicos, práctica a la que eran muy aficionados los rusos, pues consideraban que esta era la mejor manera de fortificar el cuerpo contra el rigor del clima.

Estos baños consisten en una estufa y un gran patio descubierto, donde se pasean desnudos los que han sudado bastante en la estufa, se revuelcan en la nieve, e echan agua fría por la cabeza, y se hacen frotar el cuerpo o azotar con mimbres”.

Otras diversiones habituales entre los rusos de clase alta eran las celebraciones con mucha comida y bebida además de las tertulias y el juego, las salidas al campo y los paseos en trineo, el carnaval y los bailes.

Los nobles ricos eran considerados personas de excesivo orgullo y demasiado altivos, que imitaban las costumbres de vestir de la nobleza europea y que pretendían en sus casas la mayor ostentación con sus elegantes salones y ricos gabinetes.

fundan esta altivez en el tenerse por la nación más bélica del mundo.”

Presentaban sus mesas con mucho lujo y hacían venir productos exquisitos de los lugares más distantes: pescado del Volga,  ternera de Arcángel, carnero de Astracán, uvas y melones de lugares cálidos,  vaca de Urania,  faisán de Hungría, junto a los preciados vinos de Francia y España.

la costumbre que tienen las personas de alta jerarquía, que es comer manjares muy ardiente, beber licores espirituosos, y seguidamente tomar helados para refrescar el estómago abrasado.

Las bebidas más populares entre los rusos eran el aguardiente (muy consumido entre la población) y el Kvas, “que es una especie de cerveza, dicen que es muy sana y contribuye para engordar.

Entre otras peculiaridades de la alta nobleza rusa y que llamaba la atención a muchos extranjeros lo constituía la manera de saludarse:  

cuando las dos personas son de igual condición o que la mujer quiere hacer una demostración de cariño, besa al hombre en la mejilla al tiempo que se inclina para besarla la mano, lo mismo hacen los grandes señores cuando alguna mujer se inclina para besarles la mano.”

Pero la mayoría de los rusos vivían en condiciones muy distintas. Pues este extenso país pertenecía a un reducido número de personas (nobleza) que gozaba de amplios privilegios, mientras el resto de sus habitantes estaban sometidos a un sistema de servidumbre (campesinos siervos), obligados a trabajar para el beneficio del señor durante toda su vida y sometidos a la autoridad del aristócrata.

Esta clase, que forma la nona de las diez partes e los habitantes de toda la Rusia.”

Los siervos, vivían en casas miserables, con pocos enseres y en condiciones insalubres (por el humo interior de las chimeneas y poco ventilados por el frío exterior). Basaban su alimentación en pan de centeno, raíces,  vegetales y  licores y se les consideraba desconfiados ante las novedades, prefiriendo mantener sus antiguas costumbres y siendo muy reservados.

Una larga y abundante barba, fue un rasgo característico en los rusos, unido a una manera de vestir sencilla: en invierno una pelliza de carnero que les abrigaba y  que les llega hasta media pierna y en verano una especie de casaca de paño muy corto, medias y zuecos “de corteza”. Para las manos guantes dobles, unos de ellos de cuero y llevaban colgado entre las ropas un hacha y un cuchillo.

Fue necesario que pasasen  más de cincuenta años (1861),  para que la mayoría de la población rusa, que entonces estaba sometida a la dependencia servil consiguiese la abolición de la servidumbre. El "Manifiesto de Emancipación"  otorgó (con algunas dificultades) derechos de ciudadanos libres a los millones de siervos que existían en el país.

Una de las curiosidades que apreciaban los extranjeros en Moscú era el “mercado de las casas”:

Se ve allí una gran variedad de casas de madera en pedazos, tendidos por el suelo, y juntas unas con otras. El que necesita una casa, acude a este mercado, dice cuantas piezas de habitación necesita, a veces la compra al punto y la hacer llevar al paraje en que ha de fijarse… para formar las casas no hay que hacer más que ir uniendo las piezas.”

Hoy en día, el esplendor de las bellas ciudades rusas de Moscú y San Petersburgo siguen siendo objeto de admiración para  los miles de visitantes que cada año se acercan a contemplarlas.