domingo, 16 de febrero de 2014

"Callejeros Viajeros": Londres 1800


Cercanías de Londres
Londres 1800
En el año 1800, cuando el viajero se dirigía a la ciudad de Londres, podía encontrar en su camino pequeñas aldeas con casas de ladrillo y cubiertas de tejas y dispersos caseríos entre limpios y sólidos caminos que anunciaban la grandeza de la ciudad.

La gran variedad y cantidad de monumentos de la próspera ciudad de Londres a finales del siglo XVIII, no era ensombrecida por los vapores del carbón piedra y la niebla del río Támesis.

Existían diferencias visibles en diferentes partes de la ciudad: unas zonas mostraban calles estrechas con casas amontonadas y mal construidas, mientras que los barrios nuevos estaban construidos entre calles rectas y espaciosas y sus casas estaban edificadas con sótanos que protegían de la humedad el resto de habitaciones y pequeños pórticos con columnas que servían de cobertizo a la puerta, además de que las cocheras y caballerizas por limpieza se situaban separadas de las casas.

Se habían realizado diversas “particularidades” dirigidas a la comodidad pública y que la hacían una ciudad con muchos servicios para los ciudadanos: las aceras se hacían amplias para la gente de a pie, los alumbrados de las principales calles eran de vistosos faroles con varios mecheros que daban mayor claridad, el empedrado en las calles se había elevado en el centro para que el agua corriera a ambos lados, se habían situado bancos de piedra en los caminos, la recogida de basuras se hacía de una manera acertada y los coches de alquiler se exponían limpios y cuidados con sus cocheros bien vestidos.

Pero también había inconvenientes en la gran ciudad,  principalmente en las orillas del Támesis y en las calles más concurridas, donde actuaban un gran número de ladrones y rateros, sociedades de mendigos e incluso impostores que se decían mágicos y actuaban de adivinos.

Los desayunos ingleses consistían en té con leche y tostadas de manteca, y  en las comidas, el roast-beef y el pudding, eran los alimentos más destacados en las mesas acompañados de cerveza y  té. El vino era considerado una bebida de lujo que solo en las grandes mesas se podía consumir.

Las mesas inglesas se ven cubiertas de patatas ya en pudding, ya cocidas, ya fritas, ya con varias salsas muy gustosas

Se daba entonces una “especie de gimnástica”  que gustaba al público y que consistía en “combates de boxers” en las calles de la capital. Eran estos combates “peleas a puñadas” entre dos contrincantes que se quitaban la camisa para demostrar que no tenían defensa contra los golpes y en donde una vez concluida la contienda los dos combatientes se daban la mano como  amigos.


Orgullosos y amantes de su patria, generalmente los ingleses eran considerados de buena presencia, atentos y con dureza de carácter, mientras que las inglesas eran consideradas recatadas y de fina educación.

Los ingleses asistían con asiduidad a silenciosos” cafés, donde  se dedicaban a leer alguno de los ejemplares de papel periódico que había a su disposición, siendo en 1800 uno de los más frecuentados el famoso café Lloyd que era considerado el café propio de la compañía de seguros y donde sus muchos asociados podían conocer con rapidez y exactitud las noticias más importantes de Europa. Para los trasnochadores las casas de juego ofrecían “juegos de suertes” a los clientes.

La pertenencia de los ingleses a un club era muy común, pues “desde el lord más distinguido hasta la clase ínfima todos tienen su club.”

Una de las grandes aficiones de los londinense eran las apuestas como la lotería (puestos de lotería se anunciaban en los periódicos y se localizaban en todos los barrios de la ciudad), mientras que sus espectáculos preferidos eran las carreras de caballos y las luchas de gallos.

Los entretenimientos familiares en los días de domingo y fiestas consistían en paseos por los magníficos jardines públicos (o por medio chelín en los jardines de algún gremio) donde se les ofrecía beber leche de las vacas sueltas o sidra en algún gabinete dispuesto en el jardín.

En 1800 los londinenses mostraban un decidido interés por la educación esmerada, fomentaban a los artistas en las muchas sociedades que habían constituido, buscaban ilustrarse viajando y financiaban establecimientos científicos, a la vez que se interesaban por la política, mientras en su ciudad se perfeccionaban en las obras de acero y se diversificaban sus fábricas que junto al numeroso comercio, hacían del país “representar un papel respetable en el sistema político de Europa”.