domingo, 5 de mayo de 2013

"Callejeros viajeros": Viena año 1800


Plano de la ciudad de Viena, 1800
Plano de la ciudad de Viena, 1800

Como el “callejeros viajeros” de entonces o si de una guía de viajes se tratara, vamos a conocer lo que los escritos de la época reflejaban de las costumbres sociales de otras ciudades.

Un ejemplo es la “Descripción de la ciudad de Viena”, capital de Austria y que en los últimos años del siglo XVIII había experimentado un sorprendente crecimiento demográfico y urbanístico, sobre todo en las afueras de la ciudad.

Con una población en 1800 de más de doscientos treinta mil habitantes, ubicados en más de mil cuatrocientas casas en la ciudad y más de cinco mil en los arrabales, Viena contaba entre sus habitantes con 1231 eclesiásticos, 3253 nobles, 4256 empleados y 7333 personas de una posición acaudalada.

Esta dispersión de casas en la periferia de la ciudad respecto al núcleo de la misma es lo que hizo que se le comparara “con una golondrina con alas de águila”.

Viena, estaba rodeada de montañas y colinas sobre las cuales se amontonaban y conservaban largo tiempo las nieves y los hielos, proporcionando un invierno fuerte y cruel que unido a los vientos impetuosos daban a sus habitantes una enfermedad muy común, pero mortal en muchos casos como era la pulmonía. Además la viruela seguía haciendo estragos, ya que (como se ha comentado en la entrada anterior de este blog) las vacunas aún no estaban generalizadas.

No obstante hay que destacar que los progresos de la medicina y la política del gobierno (hospital general, de mujeres embarazadas, de niños, de militares, disposición y atención de médicos en los ocho distritos de los arrabales, casas de huérfanos, ancianos y adultos pobres) hacían que la sanidad entre sus habitantes se considerase de las más avanzadas de Europa.

Especialmente llamativo es que para habitar un edificio nuevo el médico del barrio tenía que dar un consentimiento en el que dijera que estaban secas las estancias para ser habitadas sin riegos.
Calles de Viena, 1800
Calles de Viena, 1800

La gran fortuna de ser atravesada por el Danubio era también a veces la causa de grandes males, ya que en la época de deshielo, sus arrabales (poblados de artesanos, trabajadores y hortelanos) sufrían terribles inundaciones.

El trazado de las calles de la ciudad era irregular y sin orden, en el que sólo había una calle, llamada “de los señores”, que destacara por sus construcciones grandiosas y suntuosos palacios.

Los alimentos para sus habitantes, "famosos por comer mucho y beber más", solían estar en relativa disponibilidad (“abundantes y a un precio moderado”).

La ciudad contaba con una universidad creada en 1365 y que ofrecia estudios en especialidades de literatura, lengua, historia natural y química.

Sus habitantes eran considerados de buen trato, de tono y modales ásperos y muy ceremoniosos. Sus mujeres hermosas y de afable trato, amantes del lujo y los placeres, algo instruidas y cultivadas sobre todo la educación musical. Entre sus habitantes se destacaba un gran interés en aprender la lengua inglesa y muy común hablar en lengua italiana.

Las hospitalarias tabernas eran  muy numerosas y muy frecuentadas, donde se ofrecían refrescos y comida hasta la media noche, aunque en las calles a partir de las diez de la noche es una ciudad silenciosa, un verdadero contraste con Nápoles cual no se conoce en ninguna otra corte de Europa, sucediendo lo mismo por la mañana de modo que no hay miedo de que a uno le despierte temprano el ruido en la calle.

A nivel cultural destacaba en la ciudad, la afición a la música, extendida a todas las clases sociales, y donde se organizaban muchos conciertos (siendo el máximo representante del momento el célebre compositor Joseph Haydn, uno de los máximos representantes del periodo clasicista).

Una ciudad con famosos jardines en los alrededores y en sus arrabales. Como el Augarten, de calles de árboles bien trazadas y alineadas que forman extensos senderos, holgadas avenidas cerca del Danubio, o el Prater, un parque destinado desde hacía años para el entretenimiento público, donde se encontraban establecimientos de venta de café (cafés turcos, chinos, italianos, ingleses) además de salas de baile y juegos de villar. Era un espacio donde se presentaban soberbios fuegos artificiales y modernos espectáculos como el realizado por el famoso aeronauta Blanchar. Esta novedosa actuación, propia de la época, consistía en la elevación de  globos aerostáticos de diferentes colores y formas desde donde el tripulante encendía cohetes, y deleitaba a un numeroso público, desconfiado muchas veces de esos artefactos, y que se congregaba para disfrutar entre la admiración y la sorpresa del entretenimiento.

Como vemos, Viena en 1800 era una importante y creciente ciudad europea de la época, donde la mayoría de sociedad perteneciente a la nobleza y burguesía trataba de imitar los gustos y aficiones de la realeza y en el que la mayoría de sus gentes daba una gran importancia a  la vida musical y la afición al teatro que estaba  en aquellos momentos en auge.

Unos años más tarde (1814) tras la derrota de Napoleón, esta ciudad fue la sede del llamado Congreso de Viena, reunión internacional con el objetivo de reordenar el mapa de Europa y devolver el trono a las dinastías anteriores a la Revolución Francesa de 1789.