domingo, 19 de enero de 2014

Teatro en España

Teatro hacia 1800
En 1800 las representaciones teatrales consistían en una pieza de varios actos, generalmente tres o más, y que se concluían con un fin de fiesta que consistía en un sainete, una tonadilla o incluso un baile.

En los entreactos se representaban sainetes que eran obras cortas destinadas a entretener y divertir mientras se cambiaban los decorados.

En España el teatro tenía su modelo en el teatro francés, como la mayoría de los países que tomaban a Francia como referencia, y así en España se hicieron traducir con frecuencia textos franceses al castellano para ser representados. De esta forma la traducción fue un recurso muy utilizado y recurrente entre los dramaturgos de la época.

La afición por el teatro no sólo se satisfacía mediante la asistencia a los locales públicos de las ciudades, sino que se manifestaba con multitud de representaciones en casas particulares de familias adineradas donde se ejecutaban obras vistas anteriormente en los coliseos de la capital, mezclados a la vez con actuaciones y exhibiciones. Era común que en este tipo de actuaciones predominaban los “entremeses” y piezas.

Era normal que compañías ambulantes y cómicos, recorrieran de manera itinerante las villas y ciudades, para satisfacer las necesidades de entretenimiento de la población.
Cómicos ambulantes, 1793

El repertorio de obras que escenificaban las compañías profesionales era también impreso para uso de los aficionados. El estreno o la reposición de una pieza teatral iba a menudo acompañados de su publicación que se vendía en las librerías.

Existían teatros y compañías en las grandes ciudades como Cádiz, Barcelona, Sevilla, Valencia, tratando de igualar a las de la capital.

En la capital del reino eran tres los teatros públicos existentes: el Teatro del Príncipe y el Teatro de la Cruz, que fueron antiguos corrales de comedias, y el antiguo Teatro de los Caños del Peral, todos ellos convertidos y reformados años antes en coliseos más modernos de acuerdo a los nuevos tiempos.

En los teatros de la capital el personal empleado en las actuaciones estaba compuesto por los actores y actrices de primera y de segunda, pero también había que contar entre otros con tramoyista, guardarropa, cobrador, músicos, apuntadores, sirvientes, agentes, pintor, compositor, alguaciles, silleros.

Dramaturgos destacados de la época fueron Ramón de la Cruz, el mejor pagado por sus sainetes, y el ilustrado Leandro Fernández de Moratín que pocos años más tarde, en 1806, publicó su obra más famosa “El sí de las niñas” donde se expone la educación y la falta de libertad de las mujeres de la época.

El público buscaba las representaciones con imponente montaje teatral, con colorido y esmeradas decoraciones, y cuidada escenografía, y prueba de ello son los anuncios que se hacían en los periódicos: “Se advierte al público que para esta comedia se han hecho dos decoraciones nuevas, las que ha pintado don Antonio Tadey.

Buscando la aprobación y una mayor asistencia de público dentro de la representación, e incluso concluida la obra, se interpretaba música y baile: minué afandangado, boleras, tonadilla.

Con la intención de mejorar en varios aspectos los teatros y la representación teatral en 1799 se aprobó un plan de reforma en el  que se preveía la publicación de las piezas nuevas que se fueran representando en una  colección que se denominó Teatro Nuevo Español, que se proponía imprimir y se publicó en los años 1800 y 1801 componiéndose de seis volúmenes donde la mayoría consistían en traducciones de obras extranjeras.

En cuanto a los precios de los teatros, en la capital para el año 1800, variaban de más de 2 reales en patio a 10 reales en asiento en palco principal, siendo común que “el Diario de Madrid” publicara una sección donde era costumbre anunciar la cantidad recaudada el día anterior: "La entrada de antes de ayer fue de 7537"

Las funciones empezaban a las cuatro y media de la tarde ya que duraban varias horas, aunque desde abril de 1800 se decidió que los teatros alternarían el horario entre las cinco y las siete y media de la noche.

La cartelera de 1800 en Madrid estuvo compuesta de comedias como "El mejor alcalde el rey", "El pintor fingido", "Madrid por dentro", "Entre el amor y el honor", oratorios sacros como "Nabucodonosor" o dramas como "El amor dichoso".

Mucho ha cambiado en el teatro en cuanto a técnica, estilo, obras, puesta en escena, etc., pero una cosa continúa, el compromiso y la entrega de los que se dedican a este espectacular oficio.