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domingo, 15 de junio de 2014

"Callejeros viajeros": Japón 1800

Puerto de Nagasaki

Japón era en 1800 un conjunto de islas tan inaccesible que se decía entonces que la naturaleza “pretendió hacer un pequeño mundo separado e independiente de todo el universo”.

Un país cerrado a la comunicación con otros países (prohibía la entrada de los extranjeros en el reino) y que  sólo el puerto de Nagasaki permitía anclar los navíos mercantiles (que solían ser holandeses con quienes se comerciaba de manera más activa).

Los japoneses eran considerados  gentes generosas, reservados en palabras, de costumbres sobrias, amantes de su patria, amables y muy religiosos.

Ciudades importantes eran junto a  la lujosa Osaka, la ciudad de Meaco (kyoto), con multitud de templos y monasterios y el centro de comercio de todas las islas, donde además se acuñaba la moneda y se fabricaban las telas más ricas, elaboraban los mejores tintes y se producían los objetos mejor refinados, y la ciudad de Jedo (Tokio), la mayor del imperio, con gran variedad de tiendas y bellos edificios, el centro económico y cultural del país que albergaba la residencia de los señores feudales y del shogun (gobernante del país).

En los extremos de las calles se habían construido fuertes puertas que se cerraban por la noche, junto a los utensilios necesarios para apagar los incendios (que fueron devastadores y muy comunes durante años, por lo que en los techos de las casas de Meaco-Kyoto- tenían en el techo un depósito de agua para el caso de incendio).

Las casas solían ser bajas, construidas en madera de cedro o pino y barro, con estrechas puertas desde donde se podía ver trabajar a los artesanos y a los comerciantes que mostraban sus mercaderías.

En todas las ciudades había un paraje para las cortesanas que se alojaban en casas muy adornadas y destacadas. Estas cortesanas procedían de familias pobres que las enviaban desde muy pequeñas a estos burdeles y que las instruían  en “cantar, bailar y escribir cartas amorosas”.

Mientras algunos distinguidos señores viajaban en palanquín con una amplia comitiva de criados y pajes, en las casas de postas que había por los caminos (y que suministraban de caballos a los viajeros), se encontraban sillas de manos (enrejadas de bambú) y mozos para llevar al viajero.

El alimento más común entre los japoneses era el arroz (que dejaban cocer hasta hacer una masa dura que usaban en vez de pan), además del pescado (principalmente la carne de ballena, ostras y maricos) y las hierbas y raíces silvestres (que cocían con agua y sal y sazonaban con salsa de harina de habas), las plantas marinas y el sake (cerveza de arroz), además del te.

Los trajes de los ricos japoneses (que se diferencia poco de los chinos) consistían en una o varias túnicas anchas con manga y colas muy largas (que podía ser de ricas telas con adornos en oro y plata). Los calzones (que pasaban de las rodillas), además de botines y pantuflos. Como adornos usaban el abanico y sable o puñal. Mientras tanto el común de la gente usaba una túnica que “no pasa de la mitad de la pierna y sus mangas no baxan del codo” ceñida con un cinturón, unos botines y sandalias de cuero, junco o madera. Era característico entre “los importantes” el rapado de “lo alto de la frente

Las mujeres, se vestían con túnicas similares a las de los hombres y sus peinados consistían en recogidos atravesados por una aguja, utilizando las damas distinguidas lujosos rascamoños y elaborados adornos.

Un lejano país que sorprendía al europeo en sus usos y costumbres como que: se vestían y peinaban de manera distinta,  el negro era el “color del regocijo”, en medicina no usaban de las sangrías y purgantes (comunes en Europa y América) sino de aguja (acupuntura) y fuego (moxa), dormían en finas esteras en el suelo, eran en extremo ceremoniosos y callados o consumían habitualmente plantas marinas.




sábado, 13 de julio de 2013

"Callejeros Viajeros": China 1800

Emperador Jiaqing
Estaba China en 1800 regida  por el emperador Jiaqing, quinto soberano de la dinastía Quing (Ching), y cuyos miembros eran originarios de Manchuria.

Ya desde el siglo XVIII, China era un país famoso por sus variadas minas, por la sal, las hierbas medicinales, la canela y por la excelencia de sus manufacturas de tejido además de las porcelanas.

País basado en la agricultura, el arroz se consideraba un manjar y se aplicaban especialmente a su cultivo, además del trigo, avena, mijo, guisantes y habas. Donde también abundaban sus ricas frutas, sobretodo eran preciados las naranjas, los melones, el litchi (especie de dátil), el polomie (fruto peculiar y de gran tamaño). Muy común entre el pueblo era el cultivo del  petsai (col china) que acostumbraban a mezclar con el arroz llegando a dulcificarlo. 

El té era la bebida más popular en las comidas y lo empleaban también para uso medicinal “En Europa se han hecho diferentes tentativas para criar este árbol, pero al parecer hasta aquí sin ningún suceso”.

Las ciudades chinas estaban edificadas sobre un mismo modelo, con forma cuadrada y rodeadas de murallas de elevada altura, con dos grandes calles que se cruzaban formando una plaza. Cuando llegada la noche se cerraban las puertas y todas las barreras que había en las extremidades de cada calle.

Las casas eran de techo bajo y  extremada sencillez. Eran las casas  de los poderosos más destacadas por su extensión que por la suntuosidad, estando constituidas con galerías y puertas muy macizas, y  consistiendo en un vestíbulo abierto por todas partes, destinado a recibir visitas (una costumbre no permitía pasar a extraños en el interior de la casa), un salón y tres o cuatro aposentos.

 “Los chinos critican mucho la muchedumbre de nuestras habitaciones, y se acobardan solamente de oír la altura que tienen nuestras escaleras. Por eso dicen que es nuestro modo de edificar muy bárbaro”.

Los muebles de viviendas se reducían a biombos, mesas, sillas de madera o juncos, grandes linternas de seda, colgadas del techo y una especie de cuadros que incluían varias sentencias, escritas con caracteres gruesos sobre pedazos de raso blanco (letras chinas).

Siendo moderados en sus edificios particulares, en el caso de las construcciones públicas hacían uso de una extraordinaria ostentación en los puentes, caminos públicos o en los templos, así como el palacio del emperador (el edificio más sobresaliente de todos).

Entre las grandes ciudades, destacaban Nan-King que contaba con cuatro millones de habitantes y un poblado puerto o Quang-tcheou (Guangzhouwan) que le debía su mayor opulencia a la llegada de los navíos extranjeros y principalmente de los de Europa.

Son además muy laboriosos sus habitantes y bastante activos y diligentes. Imitan con una facilidad increíble cuantas obras ven de los extranjeros y ejecutan primorosamente todos los diseños que se les presentan”.

En Pekín se encontraba la  residencia de los emperadores y era una ciudad muy populosa, en sus calles había gentes de todas partes,  junto a caballos, camellos y otras bestias de carga.

Los chinos eran considerados por lo general animosos y de extremada dulzura para el trato, además de ser gentes con mucha afición a las ciencias.

Las tertulias, bailes, visitas y paseos nocturnos, no eran muy bien acogidos considerándolos “propios de bandidos y de la vil canalla”. En cuanto a las posadas eran muy raras en los caminos y solían estar mal provistas.

Viajaban comúnmente los chinos sobre caballos, mulas o camellos y algunas veces en litera. En las ciudades se servían de “sillas de manos” que llevaban dos o cuatro hombres sosteniendo los palos sobre las espaldas. “En los caminos y puertos son portadores los que se emplean para llevar las cargas”.






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