domingo, 29 de septiembre de 2013

Kalendario manual y guía de forasteros en Madrid

Esta publicación se fundó inicialmente con el nombre "Kalendario particular y guía de forasteros en Madrid" en 1722 por Luis Félix de Miraval y Spínola, que obtuvo ese mismo año el título de Marqués de Miraval.

Kalendario viene de la palabra latina "Kalendae", que era como los romanos llamaban los primeros días de cada mes. Y esta grafía es la que se utilizó en dicha publicación durante el siglo XVIII, e incluso principios del siglo XIX.
Kalendario manual y guía de forasteros, Bibl. Nacion.

Comenzó siendo un  libro, de periodicidad anual y  que no llegaba a las cien páginas, al que se le fueron añadiendo datos y noticias curiosas, de forma que en el año de 1800 sobrepasaba ya las doscientas páginas y contaba con un considerable número de lectores. 

Era un  "Kalendario" en el sentido que ofrecía datos de utilidad para la población, como información de las prácticas cristianas (santoral, fiestas móviles del año como Pentecostés) o los días en que se celebraban las "principales ferias en estos Reynos",  se indicaba también la hora en que aparece y se pone el sol cada día (importante para ajustar los relojes).

Y era una "Guía", pues orientaba a los forasteros para conocer el mundo cortesano y administrativo ofreciendo a sus lectores información sobre la organización política (ministerios, cuerpo diplomático, ayuntamientos) y la  administración de justicia.

Contiene los Nacimientos de Reyes, Reynas, Cardenales, y Príncipes de la Europa, los Ministros que componen los Tribunales de su Magestad en estos Reynos, y donde al presente habitan los de esta Corte”.

Pero además se fue completando con datos de las nuevas instituciones oficiales (como la creación del Banco de San Carlos) y datos de la población (de matrimonios, nacimientos y fallecimientos en las parroquias madrileñas y resumen de los enfermos en sus hospitales).

Desde su aparición y por su popularidad se fueron creando nuevas "Guías" similares en otras capitales del Reino y en las colonias americanas.

Esta guía “de Madrid”, se ha conocido a los largo de su historia con otros nombres como: Kalendario particular y guía de forasteros (hasta 1734), Guía patriótica de España (1811), Guía política de las Españas (1812), Guía política y militar (1822).

El "kalendario manual y guía de forasteros",  es hoy en día una fuente de información básica para poder conocer quienes eran los representantes de las diversas instituciones españolas en 1800 y una base documental para poder estudiar la evolución de la organización estatal de nuestro país.

domingo, 22 de septiembre de 2013

"Callejeros Viajeros": Roma 1800

"Vedute di Roma" Vasi
"Vedute di Roma" Piranesi
Roma, a la ribera del Tíber, río de agua turbia y amarillenta, estaba considerada en 1800, como una de las ciudades culturales más importantes del mundo con un inigualable  número de magestuosos y bellos monumentos: el Coliseo, el Panteón, la Plaza de España, la catedral de San Pedro.

Si alguna vez vais a Roma, no os faltarán chicherones,… que hay millares en Roma,…se emplean en acompañar a los forasteros para mostrarles todas las curiosidades que hay en la ciudad.

Con una  población que ascendía a más de ciento ochenta mil habitantes, entre los que se contaba doce mil judíos, siete mil eclesiásticos y muchos extranjeros que concurrían a ella. Entre estos últimos, los ingleses estaban muy bien considerados, pues solían gastar con profusión, mientras que los franceses por el contrario tenían fama de aventureros en busca de fortuna.

A su vez, los romanos eran apreciados por su sutil ingenio y propensión a la sátira, de carácter afable, aunque se decía que eran ociosos y sus halagos dirigidos por interés.

Una de las cosas que más choca a un extranjero en esta ciudad es ver el traje de abate tan generalmente establecido, que lo usan no solo los eclesiásticos, sino también todos los empleados en cualquier ramo: los médicos, los abogados,…, todos lo usan.”
"Vedute di Roma" Piranesi

Los ricos habitantes de la ciudad presumían de tener magníficos palacios,  preciosamente adornados, con gran número de pajes y criados, aunque se visitaban poco entre ellos y por lo general ofrecían comidas muy sobrias.

El principal gasto lo hacen (en) las pastas y las menestras, en cuyo condimento entra  mucha azúcar y especias, que no son del gusto de los extranjeros.

Rara vez dan de comer, y ellos se tratan diariamente con mucha frugalidad… hay muy pocas fondas, pero muchos figones, en  que se come poco y malo, aunque muy barato, en teniendo un plato de macarrones se dan por contentos.

Aunque los maridos italianos tenían fama de celosos, se daba una práctica muy común entre la clase alta de la sociedad que era que las damas tuvieran un acompañante (cicisbeo) para los actos sociales, con el consentimiento del marido.

Las tertulias, eran el principal recurso de entretenimiento entre los extranjeros que se encontraban en una ciudad donde en sus ocho teatros sólo había representaciones en una corta temporada del año, desde la Pascua de Navidad hasta el Miércoles de Ceniza.
"Vedute di Roma" Piranesi
"Vedute di Roma" Piranesi

No se permitían en estos teatros actrices, ni siquiera en los bailes por lo cual los papeles de mujeres eran  interpretados por castrados.

El carnaval se consideraba la fiesta más destacada y conocida,  donde hombres y mujeres paseaban mientras desde los balcones se arrojaban “puñados de gragea”.

Sus calles estaban  poco iluminadas por la noche, encontrándose en algunos lugares sólo  faroles junto a la Virgen o Santos de las calles.

Los jardines romanos, se fueron abriendo a los ciudadanos y era común en las noches de verano tomar el fresco mientras se oía música por las calles y se contemplaban los frecuentes fuegos artificiales, en los parajes elevados de la ciudad, con motivo de la fiesta de algún patrón de iglesia o convento, que suplían la falta de otros espectáculos.

En la ciudad existían un gran número de fundaciones piadosas: en las iglesias había sociedades que distribuían dotes a doncellas pobres para casarse o meterse a monja, y en los principales conventos se repartía todos los días la sopa a los mendigos. 

El comercio de Roma era reducido, aunque destacaba la fabricación de objetos religiosos. Los polvos para peinar y pomadas de olor, eran de las más estimadas en Europa, y sobresalía el comercio (cuadros, antigüedades, medallas, piedras, grabados, etc.) dedicado a coleccionistas.

En esta época predominaban las estampas de dos célebres grabadores Vasi y Piranesi. Sus “vedute di Roma” (vistas de Roma)  plasmaban lo más popular y conocido de esta ciudad. Las vedute, tuvieron mucha aceptación entre los turistas y peregrinos de Roma, que conseguían llevarse a modo de postal, las imágenes de  bellos y monumentales edificios. Un gráfico recuerdo de una ciudad considerada centro de la cristiandad, y donde se mezclaban palacios y  templos, edificios y monumentos tanto de la antigüedad como de otros tiempos más modernos.


domingo, 15 de septiembre de 2013

El gran invento de 1800

Si nos fijamos en la utilidad y aplicación que ha tenido a lo largo de los años, entraría probablemente en la lista de los mayores inventos de la humanidad.  La pila y su evolución, la batería, es un elemento imprescindible en muchos dispositivos de uso diario: dan energía a radios, juguetes, cámaras de fotos, audífonos, aparatos médicos, calculadoras, teléfonos,….
Alessandro Volta

La pila voltaica es básicamente un dispositivo que puede almacenar energía y utilizarla en forma de electricidad. Esta invención fue la primera “batería” que podía proporcionar una corriente eléctrica continua y fue descubierta en 1800 por Alessandro Volta.

El ilustre físico Alessandro Volta (1745-1827), se dedicó a investigar en diferentes áreas como la meteorología (fenómenos eléctricos en la atmósfera) o los gases (aisló por primera vez el metano), pero ha sido conocido principalmente por la invención de la pila eléctrica.

Para llegar a la invención de la pila, Volta experimentó con distintos metales llegando a la conclusión de que no era necesaria la presencia del músculo animal para producir corriente eléctrica, que era la teoría propuesta por Galvany.

El 20 de marzo de 1800, Alessandro Volta (profesor de la Universidad de Pavía) escribió a la Royal Society comunicando: “los resultados sorprendentes a los que he llegado”.
Pila de Volta

Consistía en una pila (en el sentido de apilamiento, de ahí su nombre) hecha con discos de zinc y discos de plata, colocados de forma alternativa y  separados por  cartón empapado en salmuera (agua salada). Esto producía una corriente eléctrica continua cuando el extremo superior y el inferior (de la pila) se conectaban  mediante un cable.

Con la invención de la “pila a colonna” (pila de columna), como se llamó en principio, se podía establecer una corriente eléctrica y cortar a voluntad. Con este invento, se creó un recurso esencial en la historia de la humanidad.

En 1801 Volta  realizó una demostración de su invento ante Napoleón Bonaparte, quien le otorgó (y más tarde también otras otras instituciones europeas) diferentes reconocimientos por su descubrimiento.

Durante los años siguientes, los científicos se dieron cuenta de que este hallazgo podía ser un instrumento realmente útil para otros experimentos. Con la pila de Volta se abría el camino de un mayor conocimiento de la electricidad así como facilitó la producción de nuevos productos químicos.

En 1802 en una publicación del  “Memorial Literario” en nuestro país exponían:
Unos pedazos de metal puestos en contacto han manifestado fenómenos absolutamente inesperados, y nos han abierto un campo tan dilatado como abundante de importantes aplicaciones”

Por su gran descubrimiento, hoy en día llamamos “voltio” a la unidad de medida de la diferencia de potencial eléctrico.

La historia de las pilas, desde su invención, va unida al desarrollo de los distintos aparatos que las utilizan. Desde 1800,  se han desarrollado diversos tipos de pilas o baterías: de  mercurio, de plomo, alcalinas (para una larga duración), de cadmio, solares (para el equipo de abordo en los aviones), de botón o incluso de combustible.

Teniendo precaución al desecharlas,  por los efectos tóxicos que pueden producir sus componentes sobre el medioambiente, las pilas y baterías han sido desde su descubrimiento y en nuestra época actual (más de doscientos años después), componentes imprescindibles.



domingo, 8 de septiembre de 2013

Casaca, chupa y calzón

Conde de Floridablanca. Goya
Hacia finales del siglo XVIII, la casaca, la chupa y el calzón eran las prendas masculinas más elegantes para vestir y comunes de encontrar en las tiendas de la Corte. Esta vestimenta fue el antecedente del traje de nuestros días.

La casaca era una prenda exterior,  larga, con pliegues y faldones que  iba adornada, entonces se decía “guarnecida”, con bordados y ricos botones,  la chupa se vestía debajo de la casaca y el calzón era corto e  iba desde la cintura hasta debajo de las rodillas.

Se venden cortes de chupas de gasa de oro, bordadas en oro, plata y sedas

Junto a estos ropajes se empleaba también la camisa o camisola con chorrera o “guirindola” a la que se anudaba un corbatín.

En la calle del Carmen frente a la primera reja del Convento, al lado del abaniquero, se venden cortes de calzones de punto de seda, de colores a 86 rs. y medias de seda blancas para hombre de buena calidad a 33 rs el par.”

A diferencia de hoy en día, las medias fueron un complemento muy importante para hombres  pues los calzones eran cortos, y se acompañaban de zapatos de piel y tacón, que llevaban además grandes hebillas lujosamente adornadas.

Zapatos de Vitoria punteados y de dos costuras
Zapatos de Burgos, punteados de negro

Utilizando géneros como la seda, filoseda, estambre y algodón, este vestuario llamado francés o militar, propio para la Corte, se completaba con el espadín (espada ligera).

Conjugaban estos ropajes peinados y pelucas, muy aplastadas y empolvadas, con buches a ambos lados y una coleta recogida atrás, que acompañaban el tricornio o bicornio (sombrero de dos picos).

Posteriormente, y ya en las puertas del nuevo siglo, la moda masculina que años antes era de origen francés, tornó a un estilo mucho más práctico en el vestir, con ropas más ligeras, utilizando colores mas oscuros y menos bordados y adornos. Era un estilo masculino de clara influencia inglesa.
Leandro Fenández de Moratín. Goya

Así para el año 1800, las prendas de vestir masculinas entre los cortesanos se hicieron más reducidas y ajustadas al cuerpo.


La casaca derivó en chaqueta, a la que se le añadió un pequeño cuello que luego se agrandó, y su faldón delantero se hizo muy corto, quedando sólo el de atrás. En cuanto a la chupa, desaparecieron las mangas ajustadas y el faldón, quedando de esta manera en un chaleco. Y el calzón por su parte pasó a ser un pantalón estrecho.

Las botas, que desplazaron al zapato de tacón, se calzaban grandes y ajustadas. Y en cuanto al  sombrero, con este nuevo estilo, se fue imponiendo el sombrero de copa frente al tricornio y bicornio.

Sin embargo, no todos los cortesanos estuvieron de acuerdo con estos cambios en la moda, y así hubo resistencias, aparecieron incluso algunos artículos en los periódicos como el “Diario de Madrid” donde criticaban o defendían a los “currutacos” (llamados así por su facilidad para cambiar según la moda).

Confieso que si por mi fuere, no quedará ninguna casaca, chupa, ni calzón y anduviéramos todos en chaqueta, pantalón y botas, todo ello nada ajustado para dejar en libre ejercicio los miembros del cuerpo y gozar cómodamente de todas sus posturas…entonces, si que recobraríamos una grandísima porción de tiempo, que ahora consumimos vistiéndonos y mudándonos algunas veces al día.

Pero al igual que en el vestuario femenino, junto al traje “de Corte” o “europeo”, en nuestro país, destacó también otra vestimenta masculina que tenía mayor colorido:"el traje de majo”.

El “majo” mostraba un estilo del pueblo desenfadado y atrevido. Los hombres de la Corte copiaron ese estilo que les agradaba, imitando unas maneras del pueblo, aunque con géneros de mayor calidad.

El traje de majo lo componían una adornada chaquetilla corta, chaleco, calzón debajo de la rodilla, faja, medias y pañuelo al cuello. El pelo iba recogido con una redecilla o cofia.
El médico. Goya
La vendimia. Goya

También hay que destacar que a finales del siglo XVIII y principios del XIX, la capa era uno de los elementos en la vestimenta masculina muy utilizada que daba abrigo e incluso elegancia. La capa fue un complemento básico en el vestido “europeo” e incluso “de majo”.

domingo, 1 de septiembre de 2013

¿Cómo vestían las mujeres en 1800?

El comerciante de tejidos de sedas de Valencia, … tiene los géneros siguientes: terciopelos, paños de seda, sarga lisa ancha para mantillas, tafetanes, negro doble para basquiñas, cortes de chalecos, cortes de calzones, pañuelos rayados de filoseda para el cuello y para las narices, medias para mujer, además hay otros géneros y todos con mucha equidad”.

Maria Teresa de Villabriga con polonesa
El estilo de vestir en la Corte española anterior a la revolución francesa, era como en otros países, una copia del estilo francés. Vestidos rococó, que solían ser muy refinados, aparatosos, estampados y con muchos ornamentos, y que se acompañaban con peinados exagerados y voluminosos sobre los que ponían un “bonete” con adornos de cintas y plumas. En el que el vestuario de una mujer de clase alta podía estar compuesto por prendas como la “polonesa” (falda con pliegues anchos), las batas, los desabillés, o los vaqueros a la inglesa.

En los trajes cortesanos la figura de la mujer era totalmente moldeada, presentando una silueta rígida, formada por un corpiño muy ajustado, que llevaba un cuerpo con ballenas y se ataba con cordones a la espalda: la “cotilla” (elevando el pecho y estrechando la cintura). Y para ahuecar la falda se usaba el “tontillo”, formado por aros y cuerdas.
Maria Luisa de Parma estilo rococó

El “petillo” era una pieza en forma de triángulo, ricamente bordada y con adornos, que se ponía delante del pecho y servía de adorno.

La ropa interior constaba básicamente de dos piezas: la camisa y las enaguas, que servían básicamente para proteger las otras prendas del sudor corporal. 

Para el frío, eran indispensables los guantes de muchos colores de piel de cabritilla, así como capas, chales, y otras ropas de abrigo, que se realzaban con adornos (se decía “guarnecidos”) de cordones de colores, variados encajes, pieles y diversos bordados.

En los pies se calzaban zapatos de tacón, cerrados, con lengüeta y hebilla ricamente adornada. Curioso es que aún no había diferenciación entre la horma del pie derecho e izquierdo.

Con la revolución francesa el vestido se transformó y las mujeres comenzaron a usar vestidos más sueltos,  con adornos sencillos y estampados inspirados en los antiguos griegos y romanos (neoclásicos). Y como era costumbre toda Europa siguió imitando la moda francesa.
Condesa de Chinchón con vestido camissa

Hubo un cambio radical en el vestido, hacía un estilo más sencillo y ligero. Llegó el “vestido camisa” (por su parecido a la prenda de ropa interior: camisa), con talle bajo el pecho y de tejidos muy vaporosos como algodón o muselina.

Los cabellos empezaron a llevarse con peinados sencillos, con un moño atrás y con rizos.

Acompañaban los zapatos muy planos o las sandalias y los pequeños bolsos de tela anudados con cordones para guardar las cosas, ya que no se podían guardar debajo de la falda.

Se llamaron “currutacas” a las personas que imitaban las nuevas modas: “…crítica de los usos, costumbres y modas extravagantes y más comunes de Europa, recayendo principalmente la sátira sobre los currutacos y currutacas de todos tiempos y cuyos trajes se representan

Aunque los vestidos de Corte y para bailes fueron principalmente imitación de la moda francesa, y en algún momento inglesa, hubo dos estilos en estos tiempos de 1800 que eran propios de nuestro país. Fueron el “de maja” y el que llamaron algunos observadores y extranjeros, “nacional”.

La maja y los embozados
El traje de maja estuvo de moda en la época de finales del siglo XVIII e incluso de los primeros años del XIX,  llegando a ser muy imitados por las clases altas. En un principio era un estilo del pueblo llano de Madrid,  parecido también al de otros lugares de España, y donde predominaba el colorido y aspecto desenfadado de sus ropas. Se componía en las mujeres de una cofia en el pelo, jubón para el torso, pañuelo para el escote y un delantal adornado sobre la falda.

Mujer joven con mantilla y basquiña
El estilo llamado nacional, lo usaban tanto mujeres ricas como pobres para salir a la calle. Era una falda negra llamada “basquiña”, que ponían sobre la ropa (llevando otra falda debajo) y se cubrían la cabeza y espalda con una mantilla blanca o negra.

El abanico fue un complemento popular en la época y llevado principalmente en el vestido de maja y el estilo nacional.

El interés por la moda en nuestro país se pone de manifiesto en el “Diario de Madrid” de 1800:

París: las modas que reinan aquí al presente en las mujeres son sombrerillos de varios colores guarnecidos de terciopelo negro….los tocados de cabellos van siendo raros…

Sin embargo, al poco tiempo se pasaron de moda los vestidos neoclásicos con pocos adornos, y volvieron vestidos más elaborados y las telas más ricas en bordados, tratando de reflejar el poder de la Corte más influyente de la época, la napoleónica.

El  vestido es el reflejo una la época y de una política. En estos tiempos de 1800, los vestidos muestran los radicales cambios de una sociedad y de sus formas de pensar.