domingo, 14 de abril de 2013

La conciencia ecológica


Desde hace pocos años, nuestra “moderna” sociedad industrializada realiza reuniones, foros y conferencias para intentar proteger la naturaleza, y como resultado de estos encuentros, en el mejor de los casos, se acuerdan “tratados”, que pensamos son consecuencia de nuestra “actual” conciencia ecológica.


Valle de Dedham (Dedham Vale),1802
John Constable

Museo Victoria y Alberto, Londres, Reino Unido
Uno de los encuentros más importantes para intentar solucionar los problemas ambientales fue la “Cumbre para la Tierra” de 1992, en Río de Janeiro, en el que 172 gobiernos se reunieron y aprobaron acuerdos que, junto a otros temas, pretendían la conservación y ordenación de nuestros recursos naturales, la protección de la atmósfera, la prevención de la deforestación y el fomento de la agricultura sostenible.

Pero esta conciencia ecológica ha experimentado una serie de altibajos a lo largo de la historia en nuestra sociedad occidental, no olvidemos como dice Leonardo Boff en alguno de sus escritos en Koinonia, que muchas tribus “salvajes” han tenido de siempre un respecto hacía la naturaleza y a la conservación del medio ambiente al que todavía no hemos llegado en nuestra sociedad desarrollada.

No obstante, una voz de alarma sobre la degradación que estaban sufriendo los bosques, y el consiguiente cambio climático, ya aparecía en España en varios  artículos de 1800 del “Semanario de Agricultura y Artes”.

Cadet de Vaux (químico y farmacéutico francés) realizó en 1788 un discurso titulado “Sobre la disminución progresiva de las aguas”. La prensa española de la época se hizo eco publicando dos artículos de este autor junto a un informe de la Sociedad de Ruan (Francia) relativa al abuso en el consumo de leña, además de un comentario extenso relatando ejemplos de algunos lugares de España que estaban sufriendo estos efectos y que estaba dirigido a la conservación de los ya desforestados bosques de nuestro país (y en el que el autor llama a tomar medidas contra la desaparición de los montes y a fomentar la conservación de los manantiales).

Glaciar y manantial del Arveron, 1803
Joseph Mallord William Turner
Colección Privada Paul Mellon, Upperville, Estados Unidos   


Los textos que os presento a continuación están sacados de los artículos anteriormente mencionados y como veréis no tienen desperdicio, pues a pesar del paso del tiempo siguen siendo de plena actualidad más de doscientos años después:

Los montes se van disminuyendo diariamente”.

“El hombre, …. disminuye el calórico que conservan los montes, le quita estos grandes abrigos puestos por la naturaleza en la cima de las montañas, y desnudado de este modo el globo muda la naturaleza de la atmósfera, …de lo que nace la esterilidad de los terrenos anteriormente fecundos”.

“Las comodidades del lujo se convierten en necesidades, la industria se ocupa incesantemente en crear nuevos placeres para el rico siempre dispuesto a pagarlos y el interés personal hace callar a la previsión y al bien general”.

“La necesidad más imperiosa de las subsistencias destina al cultivo una gran porción de terreno, y por todas partes los bosques se van convirtiendo en campos de mieses”.

“Desempeñemos nosotros como simples ciudadanos otras obligaciones más fáciles: consideremos que cada árbol que plantemos y cada trozo de leña que ahorremos es una ofrenda hecha a nuestro país y un beneficio a nuestros hijos”.

“Los viejos, …se empeñan en que se han invertido las estaciones, y es así efectivamente, y tienen la culpa de ello los hombres”.

Enséñeseles (a los niños) con las primeras letras a sembrar, criar y trasplantar los árboles, y ellos los sabrán estimar toda la vida”.

Aunque se han dado pasos para que logremos mantener una relativa “armonía” Naturaleza-Hombre, hay veces que parece que seguimos sin enterarnos de la necesidad de poner de nuestra parte para mejorar este ya deteriorado medio ambiente. Espero que quizás dentro de otros doscientos años dejemos de hablar de los mismos temas.