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domingo, 15 de septiembre de 2013

El gran invento de 1800

Si nos fijamos en la utilidad y aplicación que ha tenido a lo largo de los años, entraría probablemente en la lista de los mayores inventos de la humanidad.  La pila y su evolución, la batería, es un elemento imprescindible en muchos dispositivos de uso diario: dan energía a radios, juguetes, cámaras de fotos, audífonos, aparatos médicos, calculadoras, teléfonos,….
Alessandro Volta

La pila voltaica es básicamente un dispositivo que puede almacenar energía y utilizarla en forma de electricidad. Esta invención fue la primera “batería” que podía proporcionar una corriente eléctrica continua y fue descubierta en 1800 por Alessandro Volta.

El ilustre físico Alessandro Volta (1745-1827), se dedicó a investigar en diferentes áreas como la meteorología (fenómenos eléctricos en la atmósfera) o los gases (aisló por primera vez el metano), pero ha sido conocido principalmente por la invención de la pila eléctrica.

Para llegar a la invención de la pila, Volta experimentó con distintos metales llegando a la conclusión de que no era necesaria la presencia del músculo animal para producir corriente eléctrica, que era la teoría propuesta por Galvany.

El 20 de marzo de 1800, Alessandro Volta (profesor de la Universidad de Pavía) escribió a la Royal Society comunicando: “los resultados sorprendentes a los que he llegado”.
Pila de Volta

Consistía en una pila (en el sentido de apilamiento, de ahí su nombre) hecha con discos de zinc y discos de plata, colocados de forma alternativa y  separados por  cartón empapado en salmuera (agua salada). Esto producía una corriente eléctrica continua cuando el extremo superior y el inferior (de la pila) se conectaban  mediante un cable.

Con la invención de la “pila a colonna” (pila de columna), como se llamó en principio, se podía establecer una corriente eléctrica y cortar a voluntad. Con este invento, se creó un recurso esencial en la historia de la humanidad.

En 1801 Volta  realizó una demostración de su invento ante Napoleón Bonaparte, quien le otorgó (y más tarde también otras otras instituciones europeas) diferentes reconocimientos por su descubrimiento.

Durante los años siguientes, los científicos se dieron cuenta de que este hallazgo podía ser un instrumento realmente útil para otros experimentos. Con la pila de Volta se abría el camino de un mayor conocimiento de la electricidad así como facilitó la producción de nuevos productos químicos.

En 1802 en una publicación del  “Memorial Literario” en nuestro país exponían:
“Unos pedazos de metal puestos en contacto han manifestado fenómenos absolutamente inesperados, y nos han abierto un campo tan dilatado como abundante de importantes aplicaciones”

Por su gran descubrimiento, hoy en día llamamos “voltio” a la unidad de medida de la diferencia de potencial eléctrico.

La historia de las pilas, desde su invención, va unida al desarrollo de los distintos aparatos que las utilizan. Desde 1800,  se han desarrollado diversos tipos de pilas o baterías: de  mercurio, de plomo, alcalinas (para una larga duración), de cadmio, solares (para el equipo de abordo en los aviones), de botón o incluso de combustible.

Teniendo precaución al desecharlas,  por los efectos tóxicos que pueden producir sus componentes sobre el medioambiente, las pilas y baterías han sido desde su descubrimiento y en nuestra época actual (más de doscientos años después), componentes imprescindibles.



domingo, 8 de septiembre de 2013

Casaca, chupa y calzón

Conde de Floridablanca. Goya
Hacia finales del siglo XVIII, la casaca, la chupa y el calzón eran las prendas masculinas más elegantes para vestir y comunes de encontrar en las tiendas de la Corte. Esta vestimenta fue el antecedente del traje de nuestros días.

La casaca era una prenda exterior,  larga, con pliegues y faldones que  iba adornada, entonces se decía “guarnecida”, con bordados y ricos botones,  la chupa se vestía debajo de la casaca y el calzón era corto e  iba desde la cintura hasta debajo de las rodillas.

“Se venden cortes de chupas de gasa de oro, bordadas en oro, plata y sedas”

Junto a estos ropajes se empleaba también la camisa o camisola con chorrera o “guirindola” a la que se anudaba un corbatín.

“En la calle del Carmen frente a la primera reja del Convento, al lado del abaniquero, se venden cortes de calzones de punto de seda, de colores a 86 rs. y medias de seda blancas para hombre de buena calidad a 33 rs el par.”

A diferencia de hoy en día, las medias fueron un complemento muy importante para hombres  pues los calzones eran cortos, y se acompañaban de zapatos de piel y tacón, que llevaban además grandes hebillas lujosamente adornadas.

“Zapatos de Vitoria punteados y de dos costuras”
“Zapatos de Burgos, punteados de negro”

Utilizando géneros como la seda, filoseda, estambre y algodón, este vestuario llamado francés o militar, propio para la Corte, se completaba con el espadín (espada ligera).

Conjugaban estos ropajes peinados y pelucas, muy aplastadas y empolvadas, con buches a ambos lados y una coleta recogida atrás, que acompañaban el tricornio o bicornio (sombrero de dos picos).

Posteriormente, y ya en las puertas del nuevo siglo, la moda masculina que años antes era de origen francés, tornó a un estilo mucho más práctico en el vestir, con ropas más ligeras, utilizando colores mas oscuros y menos bordados y adornos. Era un estilo masculino de clara influencia inglesa.
Leandro Fenández de Moratín. Goya

Así para el año 1800, las prendas de vestir masculinas entre los cortesanos se hicieron más reducidas y ajustadas al cuerpo.


La casaca derivó en chaqueta, a la que se le añadió un pequeño cuello que luego se agrandó, y su faldón delantero se hizo muy corto, quedando sólo el de atrás. En cuanto a la chupa, desaparecieron las mangas ajustadas y el faldón, quedando de esta manera en un chaleco. Y el calzón por su parte pasó a ser un pantalón estrecho.

Las botas, que desplazaron al zapato de tacón, se calzaban grandes y ajustadas. Y en cuanto al  sombrero, con este nuevo estilo, se fue imponiendo el sombrero de copa frente al tricornio y bicornio.

Sin embargo, no todos los cortesanos estuvieron de acuerdo con estos cambios en la moda, y así hubo resistencias, aparecieron incluso algunos artículos en los periódicos como el “Diario de Madrid” donde criticaban o defendían a los “currutacos” (llamados así por su facilidad para cambiar según la moda).

“Confieso que si por mi fuere, no quedará ninguna casaca, chupa, ni calzón y anduviéramos todos en chaqueta, pantalón y botas, todo ello nada ajustado para dejar en libre ejercicio los miembros del cuerpo y gozar cómodamente de todas sus posturas…entonces, si que recobraríamos una grandísima porción de tiempo, que ahora consumimos vistiéndonos y mudándonos algunas veces al día.”

Pero al igual que en el vestuario femenino, junto al traje “de Corte” o “europeo”, en nuestro país, destacó también otra vestimenta masculina que tenía mayor colorido:"el traje de majo”.

El “majo” mostraba un estilo del pueblo desenfadado y atrevido. Los hombres de la Corte copiaron ese estilo que les agradaba, imitando unas maneras del pueblo, aunque con géneros de mayor calidad.

El traje de majo lo componían una adornada chaquetilla corta, chaleco, calzón debajo de la rodilla, faja, medias y pañuelo al cuello. El pelo iba recogido con una redecilla o cofia.
El médico. Goya
La vendimia. Goya

También hay que destacar que a finales del siglo XVIII y principios del XIX, la capa era uno de los elementos en la vestimenta masculina muy utilizada que daba abrigo e incluso elegancia. La capa fue un complemento básico en el vestido “europeo” e incluso “de majo”.

domingo, 1 de septiembre de 2013

¿Cómo vestían las mujeres en 1800?

“El comerciante de tejidos de sedas de Valencia, … tiene los géneros siguientes: terciopelos, paños de seda, sarga lisa ancha para mantillas, tafetanes, negro doble para basquiñas, cortes de chalecos, cortes de calzones, pañuelos rayados de filoseda para el cuello y para las narices, medias para mujer, además hay otros géneros y todos con mucha equidad”.

Maria Teresa de Villabriga con polonesa
El estilo de vestir en la Corte española anterior a la revolución francesa, era como en otros países, una copia del estilo francés. Vestidos rococó, que solían ser muy refinados, aparatosos, estampados y con muchos ornamentos, y que se acompañaban con peinados exagerados y voluminosos sobre los que ponían un “bonete” con adornos de cintas y plumas. En el que el vestuario de una mujer de clase alta podía estar compuesto por prendas como la “polonesa” (falda con pliegues anchos), las batas, los desabillés, o los vaqueros a la inglesa.

En los trajes cortesanos la figura de la mujer era totalmente moldeada, presentando una silueta rígida, formada por un corpiño muy ajustado, que llevaba un cuerpo con ballenas y se ataba con cordones a la espalda: la “cotilla” (elevando el pecho y estrechando la cintura). Y para ahuecar la falda se usaba el “tontillo”, formado por aros y cuerdas.
Maria Luisa de Parma estilo rococó

El “petillo” era una pieza en forma de triángulo, ricamente bordada y con adornos, que se ponía delante del pecho y servía de adorno.

La ropa interior constaba básicamente de dos piezas: la camisa y las enaguas, que servían básicamente para proteger las otras prendas del sudor corporal. 

Para el frío, eran indispensables los guantes de muchos colores de piel de cabritilla, así como capas, chales, y otras ropas de abrigo, que se realzaban con adornos (se decía “guarnecidos”) de cordones de colores, variados encajes, pieles y diversos bordados.

En los pies se calzaban zapatos de tacón, cerrados, con lengüeta y hebilla ricamente adornada. Curioso es que aún no había diferenciación entre la horma del pie derecho e izquierdo.

Con la revolución francesa el vestido se transformó y las mujeres comenzaron a usar vestidos más sueltos,  con adornos sencillos y estampados inspirados en los antiguos griegos y romanos (neoclásicos). Y como era costumbre toda Europa siguió imitando la moda francesa.
Condesa de Chinchón con vestido camissa

Hubo un cambio radical en el vestido, hacía un estilo más sencillo y ligero. Llegó el “vestido camisa” (por su parecido a la prenda de ropa interior: camisa), con talle bajo el pecho y de tejidos muy vaporosos como algodón o muselina.

Los cabellos empezaron a llevarse con peinados sencillos, con un moño atrás y con rizos.

Acompañaban los zapatos muy planos o las sandalias y los pequeños bolsos de tela anudados con cordones para guardar las cosas, ya que no se podían guardar debajo de la falda.

Se llamaron “currutacas” a las personas que imitaban las nuevas modas: “…crítica de los usos, costumbres y modas extravagantes y más comunes de Europa, recayendo principalmente la sátira sobre los currutacos y currutacas de todos tiempos y cuyos trajes se representan”

Aunque los vestidos de Corte y para bailes fueron principalmente imitación de la moda francesa, y en algún momento inglesa, hubo dos estilos en estos tiempos de 1800 que eran propios de nuestro país. Fueron el “de maja” y el que llamaron algunos observadores y extranjeros, “nacional”.

La maja y los embozados
El traje de maja estuvo de moda en la época de finales del siglo XVIII e incluso de los primeros años del XIX,  llegando a ser muy imitados por las clases altas. En un principio era un estilo del pueblo llano de Madrid,  parecido también al de otros lugares de España, y donde predominaba el colorido y aspecto desenfadado de sus ropas. Se componía en las mujeres de una cofia en el pelo, jubón para el torso, pañuelo para el escote y un delantal adornado sobre la falda.

Mujer joven con mantilla y basquiña
El estilo llamado nacional, lo usaban tanto mujeres ricas como pobres para salir a la calle. Era una falda negra llamada “basquiña”, que ponían sobre la ropa (llevando otra falda debajo) y se cubrían la cabeza y espalda con una mantilla blanca o negra.

El abanico fue un complemento popular en la época y llevado principalmente en el vestido de maja y el estilo nacional.

El interés por la moda en nuestro país se pone de manifiesto en el “Diario de Madrid” de 1800:

“París: las modas que reinan aquí al presente en las mujeres son sombrerillos de varios colores guarnecidos de terciopelo negro….los tocados de cabellos van siendo raros…”

Sin embargo, al poco tiempo se pasaron de moda los vestidos neoclásicos con pocos adornos, y volvieron vestidos más elaborados y las telas más ricas en bordados, tratando de reflejar el poder de la Corte más influyente de la época, la napoleónica.

El  vestido es el reflejo una la época y de una política. En estos tiempos de 1800, los vestidos muestran los radicales cambios de una sociedad y de sus formas de pensar.

domingo, 25 de agosto de 2013

La vigorosa y refrescante cerveza

Es probablemente una de las bebidas más consumidas y más populares en la actualidad en todos los lugares del mundo, con una producción de millones de litros cada año y cuyos ingredientes básicos a lo largo de su historia han sido el agua y los cereales (trigo, arroz, maíz, centeno o cebada).

Descubierta probablemente en el Medio Oriente hace miles de años, desde la antigüedad y hasta hace poco constituía una fuente de alimento, estando incluida en la dieta de algunos pueblos. Aunque la influencia de la cultura mediterránea en España y sus colonias, hizo que desde la época romana predominara la producción y el consumo del vino frente a la cerveza, siendo su producción escasa, y sirviendo para mantener la demanda principalmente de habitantes de las grandes ciudades, nobles y burgueses.

Una situación distinta se daba en el norte de Europa, donde era consumida mayoritariamente entre los campesinos siendo su producción muy común y artesanal, y su consumo mucho más habitual, pues constituía para ellos una fuente de nutrientes y azúcares que era difícil  de obtener de otra manera.

Las primeras fábricas españolas se ubicaron principalmente en las cercanías de puertos marítimos, como Santander (a finales siglo XVIII) que distribuían sus botellas entre la Corte madrileña y llevaban a México y su importante puerto de Veracruz, bergantines portando en su carga miles de botellas de cerveza.
William hogarth, Beer Street

Aunque la cerveza no era una bebida muy consumida entre los españoles en el año 1800, hemos de destacar los variados usos para los que la aplicaban:

Medicinal: "La semilla de zanahorias se atribuye la propiedad de comunicara a dicha bebida (la cerveza) la virtud de curar el mal de piedra agregándole cierta cantidad mientras está fermentando".

"Especifico contra las fiebres pútridas" (tipo de tifus muy común en aquella época que era trasmitido por los piojos)

Reconstituyente para las personas: "Diese usted a cada trabajador un cuartillo de cerveza y esta bebida fermentada favorecerá la digestión de los demás alimentos, nutriendo bien y con economía les daría fuerzas, viveza".

Para el tratamiento en animales: "Désele al cordero arrecido un poco de leche tibia, o una cucharada de cerveza".

Frente a la escasez de alimentos: "Antes de que entrasen las patatas en las casas de los pobres de Munich se componía su sopa de cebada mondada, guisantes, pan blanco, sal, vinagre de cerveza y agua,…"

Como alimento del ganado: "Del extranjero pero podría aplicarse a España, los alimentos al ganado, habiendo epidemia y mal alimento, cebada molida, avena raspada, salvado, residuos de las fábricas de cerveza".

En la composición de la tinta: "Unos vino blanco o vinagre y otros, cerveza, aunque encontraban que se obtenía una tinta muy espesa y más expuesta a enmohecerse".

Para curtir las pieles: "Para secar y aclarar la piel de las cabras".

Para quitar manchas:"…frente al estanco real puesto de cerveza, se vende de la primera suerte de fábrica de Santander de superior calidad a 11 reales cada botella igual que la de la fábrica de esta corte, tanto para beber como para quitar manchas y lavar blondas".

En panadería y pastelería: "Los cerveceros de París venden a los panaderos y pasteleros que la suelen comprar y con la que fermentan masa de pastelería o destinada para hacer pan ligero (mollar)".

Pero evidentemente su mayor uso era como una bebida que en dicha época se considerada "bastante agradable, refrescante y con un sabor vigoroso".

En la elaboración de la cerveza muchas veces se agregaban hierbas y especias, intentando darle más sabor y preservarla: Algunos fabricantes emplean el cilantro, pimienta de tabasco y otras especias para mejorar el gusto y aumentar la fortaleza de esta bebida.

Volviendo a la actualidad, podemos observar que en el mercado se están ofreciendo variados y nuevos sabores en las cervezas a la vez que las llamadas Microcervecerías, que incluso intentan imitar las técnicas de elaboración artesanales de hace más de doscientos años y que actualmente parecen estar de moda.

domingo, 18 de agosto de 2013

Pío VII, el Papa de 1800

Pío VI, el papa Braschi, moría en Francia el 29 de agosto de 1799. Era necesario un nuevo cónclave para elegir sucesor, pero “el estado de turbulencia y de aflicción en que se hallaban la iglesia y la cristiandad entera” y la situación política que se vivía en Europa, hizo que los cardenales no se pudieron reunir en Roma para el cónclave, y tuvieron que congregarse en Venecia, donde después de 3 meses, el 14 de marzo de 1800, Barnaba Luiggi Chiaramonti, fue elegido como Papa con el nombre de Pío VII, ocupando el lugar 251 desde San Pedro.

Pio VII por Jacques-Louis David
Hijo de familia noble, nació en Cesena (Estados Papales), el 14 de agosto de 1742. Entró en la orden benedictina adoptando el nombre de Gregorio y estudió filosofía y teología, llegando a ser profesor en Parma y en Roma. Su carrera sufrió una serie de promociones luego de la elección de 1775, de su pariente el Papa Pío VI, que finalmente le llevaron a ser cardenal de San Calixto en 1785.

En 1800, en México, se publicaba por orden del Virrey, un bando por lo que en todos sus dominios el rey Carlos IV de España manda “repique general en todas las Iglesias, festivas y vistosas iluminaciones en los barrios” como demostración de gozo por el “pontificado del beatísimo Papa Pío VII”. Mientras tanto en las librerías de nuestro país se vendían estampas con el  “retrato” del nuevo pontífice. Y en la Corte madrileña, se ofrecía la posibilidad de apreciar una estatua al natural de Pío VII, junto a la de personajes ilustres de la época.

Durante su pontificado, Pío VII, deseoso de establecer arreglos sobre la situación religiosa en Europa, llevó a cabo negociaciones y concordatos con dirigentes como Napoleón, Luis XVIII de Francia, y con príncipes alemanes. 

Se distinguió por su moderación, erigió varias diócesis en Estados Unidos (como la de Boston en 1808), realizó varias reformas en Roma, en 1804 ofició la coronación de Napoleón I como emperador, restableció la Compañía de Jesús, (que habían sido expulsados por gobiernos ilustrados de la Europa del siglo XVIII), y recuperó los Estados Pontificios (posesiones  confiscadas durante la Revolución francesa, siendo papa Pío VI).

Todos estos logros no impidieron que estuviera retenido como prisionero por Napoleón en Savona (Italia) y más tarde en Fontainebleau (Francia).

Durante la última parte de su reinado, Pío VII vio aumentar el prestigio del papado, por la presencia en Roma de varios líderes europeos (Carlos IV y su esposa María Luisa permanecieron allí una vez que fueron exiliados por su hijo Fernando VII).

En 1823, Pío VII se fracturó una pierna después de una caída, muriendo pocos días después. Tras un cónclave de tan sólo veinte días, le sucedió como pontífice Aníbal Della Genga, que tomó el nombre de León XII.

domingo, 11 de agosto de 2013

La Feria Persiana y los Volatines

Dos de los espectáculos que más destacaban en la Corte madrileña en el año 1800, fueron la Feria Persiana y los Volatines, dos representaciones muy distintas pero que se anunciaban periódicamente y con mucha aceptación entre el público de la época.
Dibujo siglo XVIII

"Hoy y días siguientes, en la calle del caballero de Gracia, frente al Oratorio, se enseña la Feria Persiana, compuesta de 28 figuras vestidas al natural."

Este espectáculo, que se presentó durante los años 1799 y 1800, consistía en “una gran máquina geométrica y matemática, compuesta de 28 figuras, las cuales por resorte, ruedas, escuadra y palanca, se mueven, representando una feria persiana.”

Llevaban figuras autómatas que realizaban “varios equilibrios, bailes, posturas y fuerzas”. Con figuras llamadas el retratista, el tramoyista secreto, la hora eléctrica, el mes designado, la astrología, la figura adivina, la autómata, el escribiente, el tesoro escondido,  los dados mecánicos, la lotería, y otras diferentes, realizaban movimientos para fascinación de quien lo observaba.

Este espectáculo tenía una duración de más de una hora y su precio fue variando, desde cuatro reales en el año de la presentación ante la Corte (1799) a tres reales en el año 1800.

Este artefacto, y otros ingenios mecánicos similares, eran muchas veces creaciones de artesanos relojeros, y se pueden considerar como los antecesores de los “autómatas” actuales (del griego “con movimiento propio”), y que tuvieron sus primeros representantes en las estatuas que ya existían hace varios milenios en Egipto y Etiopia, y que despedían fuego o producían sonidos. Más tarde, ya en el primer siglo de nuestra era, se realizaron los primeros diseños de autómatas más complejos, y aunque se perfeccionaron en el siglo XVII, fue en el siglo XVIII y principios del XIX cuando se desarrollaron con mayor especialización y cuando se popularizaron, tratando de reproducir lo más fielmente la anatomía de ser humano y los animales.

La Feria Persiana iba acompañada en ocasiones de otras diversiones adicionales como bailes donde se concluía con un fin de fiesta representado con fuegos artificiales que se anunciaban como “fuegos píricos, físicos y matemáticos”.


Por otro lado, los “Volatines” consistían en un espectáculo diferente y más activo, que ocupó sus actuaciones un espacio en el popular Coliseo de la Cruz, representándose además con continuidad en la Corte de Madrid antes y después de 1800.

Sobre una maroma, los volteadores y equilibristas realizaban diferentes acrobacias, volteos en la cuerda floja o equilibrios utilizando a veces una pértiga, y otras veces sin ella. Surgían así acrobacias con nombres tan llamativos como el “catalán”, el “mancheguito”, el “florentino”. Alguna compañía llegaba aun más lejos como la de “volteadores valencianos”, los cuales disfrazados realizaban equilibrios, bailando y saltando, a la vez que utilizaban aros, cintas, mesas y sillas.

Además se ofrecía en este espectáculo una pantomima (representación con mímica) en el que el protagonista era un arlequín.

En la hora del "intermedio" se contaba con la representación de niños y animales como perros o monos que realizaban bailes y saltos al compás de un músico que interpretaba una melodía, contando con ocho instrumentos a la vez.

Por último, concluía el espectáculo con un baile, anunciado siempre como nuevo en la Corte, y con nombres tan exóticos como la “vendimia”, la “merienda en el jardín”, los “bárbaros otomíes”, la “inocencia premiada”, los “corsarios argelinos”, etc.

Este mismo espectáculo con volteadores y equilibristas (volatines) era también usual en las plazas de toros, anunciándose como “corridas de novillos  y volatines”.



domingo, 4 de agosto de 2013

Quintales, libras, celemines y otras unidades de medida

La harina se compra por kilos y el aceite por litros, y esto es así en la mayor  parte del mundo, pero para llegar hasta aquí (utilización del sistema métrico decimal) han pasado años de dilatados acuerdos entre países y diversas leyes nacionales.

Desde la antigüedad medir ha sido una necesidad cotidiana para el hombre, pues expresaba con ello diversas actividades o elementos de su entorno.

Los sistemas de longitud, derivaron de las dimensiones del cuerpo humano (codo, pie), las medidas de capacidad para líquidos o sólidos provenían de los recipientes que los contenían y  las medidas de superficie o agrarias, se expresaban de acuerdo al tiempo que se empleaba para trabajar el terreno o según la cantidad de grano que se necesitaba para sembrar la tierra.

Se vendía el queso o cacao en quintales, la harina y el pescado en libras, el trigo en celemines, las lentejas en fanegas, el arroz y el vino en arrobas, el aceite en pipas, la sal en lastres así como las telas en varas y  las casas y los solares se medían por pies.

En 1800 se encontraba nuestro país en una situación complicada pues Sevilla, Cádiz, Barcelona, Bilbao, Madrid, entre otras ciudades, tenían unidades de medida y sus derivados distintos (diferentes nombres y significado), pero esa pluralidad no solamente se refería a los muy desiguales nombres para referirse a las unidades métricas, sino que también existía la complejidad de que una misma denominación (celemín, fanega) servía para reflejar magnitudes distintas de un pueblo a otro.

"Son tan diferentes las medidas de agrimensores que se usan en Castilla y en los demás reinos de la monarquía española, que dificultosamente se puede formar un sistema universal de ellas".

Sabiendo el obstáculo que esta situación suponía para el comercio y el progreso de un país (pues llevaba a frecuentes equivocaciones y a informes con datos poco precisos que producía fraudes) desde siglos atrás habían existido intentos de unificar esa gran diversidad de pesos y medidas (con poco éxito por cierto) tanto para la recaudación de impuestos como también para ajustar las cantidades de los artículos o géneros con los que se trataba.

"En algunas partes se mide el trigo y demás granos colmado, y en otro raso. Este los mide a pala cargada, aquel a pala suelta".

Una de las últimas reformas para ajustar los patrones y así establecer una uniformidad y un intento de unificación de pesas y medidas fue la Real Orden de Carlos IV promulgada el 26 de enero de 1801 sobre “Igualación de pesos y medidas para todo el Reino”

Esta ley trató de llevar a efecto la igualación de los pesos y medidas en todos sus reinos y señoríos, y fue el último intento antes de apoyar la implantación del sistema métrico decimal propuesto por Francia.

Ejemplos de los distintos patrones de medida que intentó establecer esta orden fueron: de longitud el pie o la vara, de extensión la fanega o el celemín, de áridos el cahíz o la fanega, de líquidos la arroba o el azumbre, de aceite la arroba o la libra y de pesos la libra o el quintal.

Ya por último en 1849 se promulga una nueva ley en la que España adopta oficialmente el sistema métrico decimal, unificándolo a otros países, y que llevó a un largo proceso hasta su “normalización” a finales del siglo XIX.